Cuatro Clásicos en quince días son duros, sobre todo para los madridistas, que confiamos en el equipo, sí, pero contra un Barça como este es difícil no tener miedo. Fue un partido duro, bueno y ¿bonito? La primera parte tuvo un Madrid espectacular con varias ocasiones de gol. Lo peor fueron tantas faltas, muy sucio por parte de ambos equipos. La segunda fue más posesión del Barça, hasta los últimos diez minutos donde el Madrid demostró que no se rinde y que se enfrenta a cualquier adversidad, por muy azulgrana que sea.
El partido transcurría con mucha tensión, pero podíamos disfrutar de fútbol. Los dos mejores equipos de Europa. Se dice pronto, suena fuerte, pero es verdad. Llegó el minuto 90 y no había goles. Nos adentramos en la temida prórroga donde se notó un agotamiento físico por parte de ambos equipos. Hasta que llegaron las 23:57, el minuto 102:30, pase de Di María a Cristiano, éste remata con la cabeza y… GOL. Poco le faltó a Pinto para hacer otra de esas paradas espectaculares de la noche, pero no pudo ser y la bola entró. Aún quedaba lo peor: esperar que el Barça no subiera a la contra e hiciese una jugada de esas que hacen el trío Iniesta-Xavi-Messi o que si subía, apareciese el Santo, como lo hizo.
Tras quedarme sin uñas y con el corazón a punto de explotar, por fin sonó el pitido final y todo el madridismo se puso en pie para gritar que SOMOS CAMPEONES DE LA COPA DEL REY. A partir de aquí, lo que viene después, es inexplicable. Medio Mestalla desapareció (la mitad culé), aunque sobrevivieron los azulgranas más fuertes, esas personas deportivas que saben aceptar una derrota y se quedaron a ver cómo Iker Casillas tocaba el cielo con la punta de los dedos. Que esa es otra. A ver cómo explico lo que se siente en ese momento, cuando uno a uno van pasando por delante de los Reyes hasta que llega el Santo, abraza al Rey, besa a la Reina y alza la Copa al cielo (aunque llegó al cielo por la noche, acabó en el suelo de madrugada, je je je Sergio Ramos…) pero bueno, lo importante es que tras muchos años, por fin Iker Casillas, el Santo, el Capitán del Real Madrid pudo levantar el único título que le faltaba y colocarle a la Diosa Cibeles la bandera de España y la bufanda del Madrid.
Hoy, mañana y siempre madridista. ¡Hasta el final, vamos Real!
Te quiero, Real Madrid. Gracias por tu magia. ¡Viva el fútbol!
¡¡HALA MADRID!!

Á*
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