Y de repente un día ella se despierta y se da cuenta que está con él, que la primera imagen nada abrir los ojos es su cara, durmiendo plácidamente y medio sonriente, quizá porque está soñando con su princesa. O no.
Él abre los ojos, la ve con la cabeza apoyada en una mano, y con la otra mano en su cara, acariciándole suavemente, despacito, como si el tiempo se acabase de parar. Su imagen fotográfica no es papel, es momento...
...y es en ese preciso instante cuando se da cuenta de que le quiere, que le necesita.
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